CANTOS GENERACIONALES

Desde hace uno o dos años me he dado cuenta de que se hacen anuncios para mí. Sí, para los treintañeros. Anuncios que abocan a cómo la generación (supuestamente) más preparada de la historia de España se ha convertido en una masa de mileuristas desengañados y descreídos con las promesas de un mundo mejor que les hicieron en su momento. En ese sentido fue el fantástico trabajo en Muchachadanui con Ignacio Vigalondo, con “Regreso al Futuro IV”.

Sí que parece que seamos la generación de los tristes, los ajeno a todo y los inconformistas que no hacen nada para cambiar su inconformismo, salvo contar batallitas anteriores a los matrimonios, los hijos y la vida de trabajo-duermo-finde.

Pues esa generación ya ha llegado a los puestos directivos, a la maternidad responsable y a la responsabilidad económica, social y personal. En ese momento esa generación ha sido subsumida bajo lo social, y la generación X ha quedado como un grupo de adaptación que pasará a la historia por apenarse de no haber hecho lo suficiente y de haberse conformado demasiado pronto.

Por otro lado arrastramos un cierto infantilismo provocado por la sobreprotección de unos padres que nos han tenido atados durante mucho tiempo, origen de una frustración más que tenemos que cargar. Chicos, el mundo por fín es nuestro. Es el momento de cambiar la realidad, de decidir si queremos el mundo de Blade Runner o no.

Una generación falta de entusiasmo porque se ha racionalizado demasiado, porque cree saber cuestiones que sólo la vida enseñará. Una generación que se aproxima a la forma de pensar de Will Hunting, aunque no somos tan listos cómo él. Cambiemos, él no es listo, es inteligente. Nosotros nos creemos listos, pero ni tan siquiera somos inteligentes. Esa película se tituló en Sudamérica “En busca del destino”. Pues así estamos nosotros, aplazando continuadamente las metas. Unas metas que nuestros padres tenían resueltas a los 20 nosotros esperamos tenerlas resueltas a los 40. Vaya mierda.

Siempre nos quedarán las reuniones de colegas en las que cantamos Dartacan o Willi Fog, pero la realidad es que, salvo afortunadas excepciones estamos endeudados como nunca, estresados como nunca y con una fuga hacia el consumismo como forma de desvanecer nuestra falta de liquidez a pesar de no tener un duro: paradójico, estúpido y deprimente a la vez.

De momento no se me ocurre nada más para calificarnos, procuraré mirar más a los que me rodeais.

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