187 millones de muertos en el corto S. XX

Hoy en el país hay un artículo interesante sobre un libro que puede ayudarnos a comprender ciertos aspectos de lo humano que olvidamos:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/187/millones/muertos/nombre/utopias/elpepucul/20080616elpepicul_3/Tes

Hablar de muertos y de cosas de estas nos da un poco de vértigo. Pero lo que realmente nos asusta (o por lo menos a mí) es pensar qué hubieramos hecho nosotros en medio de ese panorama. Salvo honrosas excepciones (entre las que yo no creo estar) nadie hubiera movido un dedo para salvar a una de esas personas asesinadas de forma vil. Podemos estar haciendo cola para un estreno una hora, pero somos incapaces de mover un dedo para temas que supondrían una mejora de la humanidad. ¿Por qué?

Parece que la respuesta razonable sería: por nuestro bien. Si nos hiciéramos cargo de ese dolor no podríamos vivir. Eso es muy duro. Y lo normal es mirar para otro lado. Pensemos que si todas las personas, que llevaban vidas aceptadas socialmente, en resumen “buenas personas”, se hubieran opuesto de forma firme a estos crímenes muchos se habrían evitado.

No creo que esta gente sea mala gente por su omisión. Tampoco creo que deban tener una vida de depresión cargando con las muertes que pudieron evitar (evidentemente que existen diferentes grados de exigencia, pero nos referimos a la gente más normal). La respuesta normal en este caso es mirar hacia otro lado, hacer como si no pasara nada. Esta es una manera en la que vivimos en las sociedades como las nuestras. No nos hacemos cargo de peligros, o no queremos y, por tanto, no nos hacemos cargo. Si creyeramos que hay una posibilidad (que aunque reducida, la hay) de que la persona que tengo al lado me asesinara de forma cruel tras hacerme sufrir de manera inhumana nuestra vida sería una angustia continuada, y se nos llamaría esquizofrénico.
De esta manera, hemos de considerar que parte de nuestra sociedad se apoya en la ilusión de que no nos sucederá nada malo. Sólo hemos de ver los traumas que se producen cuando esa vulnerabilidad se muestra, como bien saben los terroristas. Cualquier acto caótico dentro de nuestro orden que muestre esa vulnerabilidad nos hace observar nuestra fragilidad, y en ese momento lo humano puede responder de manera inhumana (ved las paradojas que nos producen los lenguajes moralizantes).

Las políticas más inhumanas se han dado para ensalzar una parte esencial de lo humano. Y en ese aspecto entran los ideales. No es equiparable la ilusión que se produce al pensar que vivimos seguros al ideal que motiva la imposición de un comportamiento sobre otros. Sin embargo, la fuerza de motivar la acción que tiene un ideal es más fuerte. La ilusión lo único que hace es mantenernos inmóviles frente a riesgos que, siendo reales, son ocultados para no estar protegiendo a nuestros hijos con una escopeta (más cuando somos pobres y no nos consideramos posibles objetivos de mafias terroristas).

Pero por otro lado, esa ilusión puede ser la que motiva que nos quedemos inmóviles ante las más grandes injusticias. Precisamente porque, o bien creemos (porque queremos creer) que eso no puede darse o, aunque sabemos que se da, creemos (porque queremos creer) que el verdugo tendrá una justificación que dará razones de su comportamiento. De otra forma seríamos unos esquizofrénicos. O no, quizá fuera héroes.

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