Archive for 23 junio 2008

LOS QUE NO ESTÁN CONTENTOS CON LA SELECCIÓN

junio 23, 2008

Un problema grave se presenta ante aquellos localistas que ven cómo la gente se junta en torno al ideal hispánico en función de la selección de fútbol. Otros casos resultaban menos escandalosos (en cuanto a números de seguidores y nivel de afianzamiento de la sociedad abierta), como los de baloncesto o el balonmano. Los seguidores de estos deportes participan de unas destrezas que hacen que el conocimiento de esos deportes se sustente en personas una cierta capacidad crítica que les hace alejarse de tragedias políticas, aunque no siempre. El problema con el fútbol es más grave.

Unir alrededor del fútbol supone un hermanamiento de lo que hay de irracional en nosotros. En un país en el que el rugby queda relegado a Ramón Trecet y cuatro más el deporte que une a todos es el fútbol. En un país joven en el que no queda claro el término de Estado-Nación los símbolos tienen mucha importancia. Y la selección es un símbolo. Un símbolo que une todas las “naciones” de dentro.

De esta forma ayer, un nuevo grupo de jugadores comprendieron lo que es España. Es la España de Gasol, Navarro, Calderón y otros en básket. Es la España de Entrerrios y Jiménez en balonmano. Y es la España de Torres, Cesc, Xavi, Villa y otros que no entienden lo de la furia española. Antes la unión se basaba en lo irracional, en la unión nacional, en la furia, en el impulso patriótico representado por el toro.

Ahora la unión es de personas, personas que no cuestionan estar o no estar en la selección, simplemente están y quieren ganar, y separados tendrían menos fuerza. Otros prefirirían ligas autonómicas y no poder competir económicamente con otros paises europeos, en los que el derbi sería Bilbao-Barakaldo o Barsa-Gramanet. Aún así los nacionalistas no se dan cuenta de lo que necesitan al Madrid en lo económico, aunque el nacionalismo, con su actitud intervencionista, no parece conocer muy bien el sistema capitalista.

Yo me alegré por el perfil de jugadores que veo. Jugadores que son estrellas en los clubes más importantes de Europa y, por ende, del mundo. Esperemos llegar a la final. Lo lamento por los localistas, aunque les aviso que Rusia puede ganar.

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CALIFORNICATION

junio 20, 2008

Estoy fatalmente enganchado a una serie de televisión. Lo de House o lo de Prison Break se ha quedado en nada en comparación con lo que me supone Californication. A pesar de su horrible final, si le quitamos los dos últimos minutos hubiera quedado una gran serie, llena de mensaje, de filosofía, de antropología, de sociología y de análisis de una generación con la que extrañamente me siento identificado.

Fuera de que Hank sea uno de los tipos más atrayentes de las últimas series que he visto, creo que representa de forma clara la incapacidad de los que escapan de la actitud natural para vivir en formas de vidas al margen de lo social en búsqueda del éxito artístico. Los resultados suelen ser siempre los mismos, fracasados felices de ser infelices porque la felicidad les impediría regocijarse de su desgracia. Y así vamos avanzando hasta que un día te das cuenta que el determinismo educacional ha ganado la batalla a tu rebeldía individual, y que la única forma de llegar a tener el mayor número de momentos felices es reconducirte hacia lo socialmente aceptado. El problema reside en reconstruir todas las ruinas que has dejado por el camino, más cuando, una vez eres uno más, ya no puedes realizar trucos de magia.

Por otro lado, creo que esta tensión la tendrá siempre aquél que haya decidido meterse en el mundo oculto, de listezas y genialidades. Hemos de reconocer que el placer de una publicación o de algo bien presentado, ante un auditorio que no se ha dormido, es un placer de dioses. Por un momento has dejado de ser terrenal para ascender a un nivel que te hace ser admirado. El problema son los costes, la incapacidad de comprometer aquello que pueda suponer no arribar a la meta marcada. Pasan los años y te cansas, porque las reglas de este mundo no son las que esperabas y porque, al menos en mi caso, no dejo de ser uno más de los tantos que andan por ahí sin esfozarse lo suficiente en hacer que su vida sea normal.

De esta forma soy un poco como Hank, un tipo arrepentido de la falta de esfuerzo a lo largo de su vida para ser un tipo normal porque, realmente, no somos tan diferentes cuando tratamos de lo que nos hace felices. Pero ese aspecto sólo se muestra con la experiencia que te da el acercarte peligrosamente al pensamiento sartreano, y ver amenazas en toda la gente que te rodea alrededor. Por ahí no quiero ir. Quizá sea el momento de re-signarse. Quizá tengamos que esforzarnos como hace Hank. Aunque quizá para esforzarnos quizá tengamos que pasar un tiempo por el infierno de la sofisticación y lo no ordinario. Una gran serie.

187 millones de muertos en el corto S. XX

junio 16, 2008

Hoy en el país hay un artículo interesante sobre un libro que puede ayudarnos a comprender ciertos aspectos de lo humano que olvidamos:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/187/millones/muertos/nombre/utopias/elpepucul/20080616elpepicul_3/Tes

Hablar de muertos y de cosas de estas nos da un poco de vértigo. Pero lo que realmente nos asusta (o por lo menos a mí) es pensar qué hubieramos hecho nosotros en medio de ese panorama. Salvo honrosas excepciones (entre las que yo no creo estar) nadie hubiera movido un dedo para salvar a una de esas personas asesinadas de forma vil. Podemos estar haciendo cola para un estreno una hora, pero somos incapaces de mover un dedo para temas que supondrían una mejora de la humanidad. ¿Por qué?

Parece que la respuesta razonable sería: por nuestro bien. Si nos hiciéramos cargo de ese dolor no podríamos vivir. Eso es muy duro. Y lo normal es mirar para otro lado. Pensemos que si todas las personas, que llevaban vidas aceptadas socialmente, en resumen “buenas personas”, se hubieran opuesto de forma firme a estos crímenes muchos se habrían evitado.

No creo que esta gente sea mala gente por su omisión. Tampoco creo que deban tener una vida de depresión cargando con las muertes que pudieron evitar (evidentemente que existen diferentes grados de exigencia, pero nos referimos a la gente más normal). La respuesta normal en este caso es mirar hacia otro lado, hacer como si no pasara nada. Esta es una manera en la que vivimos en las sociedades como las nuestras. No nos hacemos cargo de peligros, o no queremos y, por tanto, no nos hacemos cargo. Si creyeramos que hay una posibilidad (que aunque reducida, la hay) de que la persona que tengo al lado me asesinara de forma cruel tras hacerme sufrir de manera inhumana nuestra vida sería una angustia continuada, y se nos llamaría esquizofrénico.
De esta manera, hemos de considerar que parte de nuestra sociedad se apoya en la ilusión de que no nos sucederá nada malo. Sólo hemos de ver los traumas que se producen cuando esa vulnerabilidad se muestra, como bien saben los terroristas. Cualquier acto caótico dentro de nuestro orden que muestre esa vulnerabilidad nos hace observar nuestra fragilidad, y en ese momento lo humano puede responder de manera inhumana (ved las paradojas que nos producen los lenguajes moralizantes).

Las políticas más inhumanas se han dado para ensalzar una parte esencial de lo humano. Y en ese aspecto entran los ideales. No es equiparable la ilusión que se produce al pensar que vivimos seguros al ideal que motiva la imposición de un comportamiento sobre otros. Sin embargo, la fuerza de motivar la acción que tiene un ideal es más fuerte. La ilusión lo único que hace es mantenernos inmóviles frente a riesgos que, siendo reales, son ocultados para no estar protegiendo a nuestros hijos con una escopeta (más cuando somos pobres y no nos consideramos posibles objetivos de mafias terroristas).

Pero por otro lado, esa ilusión puede ser la que motiva que nos quedemos inmóviles ante las más grandes injusticias. Precisamente porque, o bien creemos (porque queremos creer) que eso no puede darse o, aunque sabemos que se da, creemos (porque queremos creer) que el verdugo tendrá una justificación que dará razones de su comportamiento. De otra forma seríamos unos esquizofrénicos. O no, quizá fuera héroes.

HUELGA DE TRANSPORTES

junio 11, 2008

Hoy voy a hablar de la huelga de transportistas. Están mosqueados por el aumento del precio del diésel (como todos). Pero hay una diferencia, el coste de diésel para ellos es un coste fijo que ha variado al alza de forma alarmante. La cuestión es si eso les autoriza para cerrar carreteras por las que pasamos todos. La respuesta es NO. No por una sencilla razón, porque una huelga está legitimada desde el momento en el que se da una situación de ataque a los derechos de los trabajadores, así que ellos dejan de realizar la actividad que ocasiona esa desigualdad. Dicho de otra manera, los transportistas están legitimados para dejar de transportar.

¿Y si una ambulancia ha de llegar a tiempo? ¿Y si, siendo menos dramático, mi caja de bombones que iba a posibilitarme tener sexo se deshace por el tiempo que va en el coche? ¿Tienen derecho los transportistas a dejarme sin sexo? Pues NO.

Este tipo de huelgas me hacen dudar de que España sea un país civilizado. La crítica me la veo venir: “ponte en el lugar del transportista”. Muy bien, ¿por qué me tengo yo que poner en el lugar del transportista si él no se pone en el mío? Claro que la respuesta sería: ¿Te estás comparando con el transportista, que ha de dar de comer a sus hijas? Pues no, no me comparo con ellos desde mis circunstancias, pero como ellos no las conocen podría ser que mi vida, mi amor, una lealtad o algo imprtante para mí dependiera de ese trayecto (un ser querido que agoniza), y ellos no lo tendrían en cuenta. Que no me pidan que lo tenga en cuenta yo. Otra cosa es que pidan trato de favor. En este caso refutar es más fácil y lo dejo a la activa mente del pensador que lee estas líneas.