SAN VALENTÍN

Retomo esta página como válvula de escape. La verdad es que San Valentín supone una horterada sublime para un filósofo, con el plus de ridiculez de los desparejados como el escribiente. Hoy hemos estado filosofando sobre el amor un buen hermenéuta y un servidor, para que el interpretador me citara a Ortega, señalando que el estado del enamorado es un estado miserable de conciencia.

No creo que las parejas que se miran y proyecten las vidas de los dos en una sean despreciables; como mucho serían ridículos, al igual que el sexo visto desde fuera, el visionado de un partido visto desde fuera o cualquier otro tema de interés para el que no lo está viviendo.

Pero yo quisiera dedicar este apunte a los fracasados en amor, a los despechados y a los no correspondidos. No podemos más que jodernos y mantener unas expectativas que no se cumplen. También creo ver en el ambiente que me rodea unas exigencias superiores para emparejarse. La cuestión es hasta qué punto somos autónomos en la elección del objeto de deseo o si, por el contrario, la imposición es radicalmente heterónoma y es cuestión de azar el ser correspondido o no. Fuera de aprioris del tipo antes había cariño o éramos amigos existe un claro caso de heteronomía en la elección del objeto de deseo. Podríamos señalar que no se trata de una heteronomía radical, puesto que precisamos de interactuar con el objeto de deseo. Yo consideraría anómalo un enamoramiento entre dos personas que no han interactuado físicamente (aquí entrarían las cyber-relaciones).

Desde esta óptica desesperanzadora podemos decir que somos títeres en manos de que nuestro organismo decida pillarse de una tía u otra, y que será cuestión de azar que ella tenga el mismo estímulo. Podríamos pensar que la sensación de destino del romanticismo se podría afianzar desde esta sensación. Es la sensación de: “me gusta A, no puedo evitar que me guste A, no puedo hacer nada para gustar a A (gustar a niveles de enamoramiento, no “gustar” en un aspecto de agradar en sus múltiples sentidos, incluyendo el sexual)”.

Pero nuestra naturaleza es sabia, hace que nos olvidemos del objeto originario de deseo y lo variémos por la compañera del trabajo a la que comienzas a verle cierto aspecto hasta entonces inadvertido. Es el conformismo del perdedor. Tu cuerpo busca sustituir a tu primer objeto, pero jamás olvidas al primero. Así que quedan tres perfiles de personas para San Valentín.

Los que están con su objeto de deseo, un mísero 5% aproximadamente. Los que estamos sorteros y hemos dejado o dejaremos pasar a nuestro amor. Y la gran mayoría, que están con lo que sustituyó su primer objeto de deseo. Feliz San Valentín.

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