Archive for 19 agosto 2007

ESTAR POR ALGO

agosto 19, 2007

Nunca me han gustado los originantes del existencialismo. Lo primero porque Heidegger o Sartre están lastrados de biografías nada ejemplares. Lo segundo porque el existencialismo cae en cuestionamientos morales dudosos, desde la “Carta sobre el Humanismo” de Heidegger hasta la Náusea sartreana (un hombre sin esencia que en esencia es libre). Bien es cierto que me gustaría hacer hincapié en uno de los términos más evocadores de Heidegger, el Dasein, traducido con mayor o menor éxito por el estar-ahí. Si el ser es lo que se ha olvidado en la metafísica, ¿por qué lo característico de lo humano es el estar? Porque el estar se llena de intencionalidad, mientras que el ser puede darse de forma pasiva, como sería el caso de los entes.

Yo abogaré por huir del ser para estar, porque ser, exclusivamente, no aporta nada. Somos siempre, pero lo difícil es estar. Pensemos en que yo soy a pesar de dormir, pero que sólo estoy cuando actúo. Puedo estar por alguien, y mis acciones vendrán a respaldar mi compromiso previo, mientras que el ser es un atributo de cualquier objeto, como por ejemplo un vaso. Lo importante, desde una perspectiva moral, sería el estar mucho más que el ser, porque estando mostramos que nuestra ubicación en el mundo no es azarosa, sino que es intencional, meditada y con fines a mostrarnos de forma efectiva. Dicho de otra forma, estamos para actuar. Yo prefiero estar a ser, y prefiero que los demás estén por mí a que sean por mí, puesto que en el primer caso sería por libre elección de ellos, mientras que en el segundo sería porque dependen en cierta manera de mí.

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RESIGNACIÓN

agosto 13, 2007

He estado un poco desconectado del blog, y es que hay ocasiones en la que la inspiración vuela, y lo único que haces es comerte la cabeza, olvidando los placeres de la vida, hasta que caes en una forma de ver la vida que te sirve de mucho: la resignación.

Lo primero que hemos de hacer es escapar de toda acepción religiosa del término. En especial en su vertiente más estoica. Desde este punto de vista la resignación sería cierto inmovilismo desde dos perspectivas: (1) Por un lado esta resignación conlleva el inmovilismo del agente, puesto que no se ve suficiente para realizar o intentar realizar sus proyectos ya que, en multitud de ocasiones, (2) se considera limitado en comparación con un ser superior que maneja sus designios.

Otra manera de resignación, que no descarta la anterior, se daría en personas que observan que sus deseos no llevan el camino de cumplirse, puesto que (3) su forma de vida no le permite realizarse tal como pretendía o realizar sus deseos; en otro sentido otro (4) se ha dado cuenta que la realización de sus deseos, a pesar de sus acciones, no dejan de ser anhelos, al precisar de acciones externas a él para su cumplimiento. En estos casos lo mejor puede ser resignarse, pero intentemos “retorcer” el término para sacar lo positivo.

Re-signar-se consta de tres partes, y vamos a centrarnos en el sema. Signar tiene una clara noción religiosa, pero su primera acepción era poner el signo, un signo que, como tal, es individual, particular, etiquetar, hacer tuyo. Cuando uno signa un contrato uno se hace parte de ese contrato. Cuando uno se signa a si mismo el verbo sería signarse. Cuando uno se autentifica se signa a si mismo pero, ¿no es eso todo lo que hacemos a lo largo de una vida?

Cualquier acción nos muestra el carácter. De hecho, son los términos más concretos los que atribuyen más carácter. Honesto siempre aporta más que ser calificado de bueno. Por tanto nuestra vida es una forma de autentificarnos. ¿Por qué debemos de, siguiendo el argumento, resignarnos? ¿Si signarnos es autentificarnos, sería resignarnos algo como autentificarnos de manera repetida?

Creo que el argumento no va por ahí, ya que si aceptamos nuestra experiencia moral hemos de aceptar que a la resignación le acompaña un sentimiento de fuera de control, una sensación de títere entre fuerzas superiores. Ante este sentimiento podemos (1) buscar una posible justificación divina de la imposibilidad de realización de nuestros proyectos o (2) cambiar en algo nuestra forma de vida para que nuestra tolerancia a la frustración varíe desde nuestras mismas acciones. (1) es válida para creyentes, y no será el escribiente el que enjuicie la forma de consolarse frente a adversidades, más cuando son adversidades serias que erosionan lo más profundo de lo humano. Pero, permítaseme abogar por (2), que sería la otra forma de resignarse. Sería autentificarse frente a las adversidades, actuando en lo que puedas hacer algo con tal de afectar la situación, pero escatimando los esfuerzos de las cuestiones en las que tu acción no es una de las razones decisivas de su cumplimiento. Desde este punto de vista, una derrota de tu equipo de fútbol no debería impedir tener un fantástico día. Bien, que se puede objetar que no existe una posibilidad seria de controlar la emoción que se tiene ante la negativa de tu deseada “a” frente a tu declaración de amor.

Si siguieramos (1) la razón sería de índole divina: Dios no quiere que “a” esté conmigo. Por el contrario, (2) nos lleva a sopesar si hemos realizado todas las acciones encaminadas a conseguir el deseo, concretado en “a”. Volvamos a la desactivación que pretendía argumentar lo incontrolable (heteronomía radical) de la emoción de decepción ante la negativa. Nos sentimos mal, ¿pero no estariamos peor si no hubieramos hecho todo lo posible para ello? ¿Acaso lo incontrolable no puede ser justificado desde un plano externo (ya que hemos hecho todo lo que podíamos), lo que ha de llevar necesariamente una menor reprochabilidad, incluso de nosotros mismos?

Desde esta perspectiva sí que podemos autentificarnos, pero será de forma novedosa, en cuanto que nos volvemos a construir para asumir lo deseable como anhelo, como fuera de nuestro marco de acción. El deseo frustrado deja de ser una ocasión perdida, porque una vez que estaba fuera de nuestras acciones no era ocasión, y en cuanto que no era ocasión no tenemos por qué cargar con el peso de haberla perdido. Y al volver a ser nosotros pero más conscientes del yo en cuanto mejores conocedores del grado de afectación de nuestro alrededor nos reconstruimos, con nuevos cimientos más poderosos, nos re-signamos, volvemos de un mal lugar en el que no debimos de estar, nos entregamos a nuestro lugar. Nota: en latín resignare se traducía por devolver o entregar.

OIR Y ESCUCHAR

agosto 5, 2007

La cámara de Representantes de EE.UU. permite realizar escuchas telefónicas sin orden judicial. Mi conocimiento del sistema jurídico estadounidense es lo suficientemente flojo para explicar lo que conlleva. Lo fuerte es que ahora pueden escuchar a cualquiera a través de un acto administrativo. Imaginemos lo que ello supone. Yo cuento todas mis fechorías por teléfono, me he declarado por teléfono a mis amores y quien conozca mis conversaciones conoce mi mundo. Y eso es mucho. Todos salimos de la habitación cuando hablamos con alguien, y todos hemos cortado la conversación telefónica ante la llegada de cierta persona. De hecho, si yo fuera un asesino árabe, creo que no comentaría mis planes por vía telefónica.

De esta forma hemos conseguido que se pueda cotillear y poder atacar la integridad de las personas una vez se conocen sus secretos. Conocer los secretos de alguien nos da mucho poder, y nos capacita para atacar lo más vulnerable de una persona, lo que no quiere que se conozca en el ámbito público. Y todos tenemos de qué avergonzarnos. Y no creo que eso nos haga ser mejores o peores. Simplemente es la necesidad de tener una parte que realmente sea nuestra. Visto así no es que seamos monstruos que nos ocultamos. El problema será cuando no podamos tener este espacio. EE.UU. ha dado un primer paso para ello. 

ARDE CANARIAS

agosto 1, 2007

El causante del incendio de Gran Canaria se ha entregado. No esperaba el desastre que su acción ha provocado. Quizá su acción no buscaba lo sucedido, incluso tomaría alguna medida para impedir su rápida propagación. El caso es que todos sabemos el final. Desde un punto de vista jurídico la figura del dolo eventual le hará cargar con toda la responsabilidad. ¿Y moralmente?

A. N. Prior (1956, “The consequences of actions”, p. 105) cita esta canción de cuna:

“Por falta de un clavo se perdió la herradura; por culpa de una herradura se perdió el caballo; por culpa de un caballo se perdió el jinete; por falta de un jinete se perdió la batalla; por falta de una batalla se perdió el reino; y todo por la falta de un clavo en una herradura.”

Resulta muy duro cargar sobre los hombros del herrero la pérdida del reino. Su voluntad no era esa. Tampoco la del pirómano. Tampoco la mía cuando llamo por móvil a alguien y mi móvil es el causante de muertos por un escaso mineral que posee. ¿Sería alguno moralmente responsable?

Parece que el herrero y yo estaríamos más facilmente exculpados que el pirómano, ya que desde una actuación reprochable lo que se siga se carga al iniciador. Es una manera de amedentrar e imponer normas, ya que no sólo se es responsable de lo que hiciste y deseabas, sino de todo lo que has causado (pensemos en el homicidio imprudente cuando vamos al volante y al que todos estamos expuestos, porque una vida siempre hay que pagarla). No creo que desde un pensamiento moral podamos aceptar esta forma de pensar, por lo que tendremos que profundizar en las diferencias entre la práctica jurídica y la práctica moral, y no creernos que están más próximas de lo que en realidad están (pienso en Habermas).