COPE vs. SER

Ayer, por razones gástricas, tuve que acostarme prontito. Tras el partido de fútbol se iniciaban los programas de información nocturna, centrándome en la COPE y en la SER. Quisiera realizar dos apreciaciones que pueden servirnos para evaluar la forma de trabajar de estas emisoras:

1) En la SER se dió un debate vibrante. Quisiera destacar la figura de Carlos Mendo, una persona que muestra la diversidad de opiniones dentro del programa; y el aguante de Carlos Llamas, que aguanta los ataques siendo el director del programa. En el otro lado, en la COPE, el monográfico era formas ocurrentes de meterse con el gobierno, por lo que todo se resumía en la congratulación ante el mejor ataque previa gracia de su locutor, quedándome con

2) Varios SMS´s de oyentes en la COPE dijeron que el fin del alto el fuego unilateral era un pacto ETA-PSOE. César Vidal dejó entrever la posibilidad de que esto fuera real. Me resulta vergonzoso e irresponsable por parte de alguien tan inteligente como este locutor. Esto supondría que, en caso de muerte, el PSOE sería cómplice. Por otro lado, si fuera un pacto para obtener rédito electoral, quizá habría menos muertos. No obstante, cualquiera de las dos posiciones me resultan inconcebibles en el marco en el que estamos.

 Addenda: Sé que soy parcial en la apreciación de estas emisoras, más que nada por la envidia que le tengo a César Vidal por la velocidad y bien que escribe.

Una respuesta to “COPE vs. SER”

  1. nostalghia Says:

    Pues me vas a permitir una ligera discrepancia, pero en mi opinión César Vidal es un pésimo escritor así como un pésimo intelectual. Sí, en cambio, estoy de acuerdo con tu apreciación de que es alguien cuya velocidad de publicación es asombrosa -como asombrosa es la poca vista del editor que se lo publica-. Ni me gustan sus muy parciales y más que dudosos análisis históricos -que podrían ser puestos en cuestión en numerosos puntos-, ni creo que escriba bien, concepto este algo peligroso y relativizado últimamente.
    Quizá la forma y ese amago de estilo suyo engañen, pero el fondo es de una vacuidad pasmosa, y como intelectual no deja de seguir los parámetros de esos “nuevos” intelectuales que vomitan mil y una referencias más o menos cultas para justificar sus puntos de vista, a menudo pseudo-historicistas -como si eso a su vez no fuera una nada velada apelación a la autoridad-, como si eso le dotase de mayor credibilidad, en lugar de opinar desde sus propias ideas.
    Ya te lo he comentado en otras ocasiones, pero me resulta algo risible que estos sujetos sean adscritos al grupo de intelectuales -maticemos, no debería ser algo exclusivo-, cuando usualmente son identificados por sus opiniones más extremas y polarizadas. No creo que eso sea síntoma de intelectualidad ni de buena opinión; y eso, convenientemente refinado por las purgas estilísticas, lo puedes encontrar sintetizado en su obra.
    No me extenderé mucho más; su obra es una pérdida absoluta de tiempo.

    En cuanto a la disyuntiva de los programas informativos que apuntabas, tiendo a pensar que no hay demasiada diferencia entre ambos. Me gustaría, de hecho, escuchar por una vez una serie de argumentos un poco razonados que no aludieran a esas alianzas que según la rama caen hacia un sitio u otro. Es interesante cómo se tiende a desplazar lo que realmente prima en la discusión -decisión, negociación, capacidad de- por razonamientos pueriles y estúpidos como si conviene una unidad -¿Acaso no está justificada dicha unidad a priori? ¿Quién no quiere que se solucione el problema?- un tanto teatralizada y mediática entre los dos partidos o si hay que aplicar la “ley” -término bastante ambiguo y complejo que demasiadas veces se utiliza a la ligera-.
    Viendo ayer “59 segundos” me quedó claro que ni estamos unidos, ni parece interesar los términos en los que deberían ir dirigidos los esfuerzos del presidente del gobierno para llevar a cabo la negociación -otro concepto que más de uno parece no entender-. Dicho esto, sigamos cuestionando las dos preguntas que he enunciado líneas arriba sobre unidad y solución que, si bien pueden pecar de reduccionistas y acaso demagógicas, parece ser lo que de verdad importa. Yo prefiero no ir por esos derroteros y esperar a que alguien me explique en qué consiste la decisión, la negociación y todo eso tan oculto que quiere llevar a cabo nuestro presidente.
    Supongo que el hecho de seguir discutiendo estas imbecilidades por televisión justifica, de algún modo -me acojo a la inferencia a la mejor explicación, venga- que a gente como Federico Jiménez Losantos o César Vidal les den premios como mejores comunicadores -¿De qué?- o mejores escritores -de nuevo, ¿De qué?-. Tan sólo es llevar un paso más allá esa disputa biliosa sobre temas intrascendentes que no sé si podrían ser tildados de ideológicos, dada la poca ideología política real que existe actualmente.

    En definitiva, una democracia demasiado joven para aspirar a resolver correctamente tantas cosas.

    Saludos!

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