RAZÓN DE ESTADO

En una aproximación intuitiva al término creemos que existen decisiones que quedan al margen del enjuiciamiento moral que oferta el sistema de moralidad (Kant). Es decir, el sistema de moralidad, normativo por excelencia, proclama como inmoral cualquier decisión justificada como razón de estado (salvo decisiones que se tomaran siguiendo ciertas formalidades, que creo que serían un número ridículo desde un sistema heterónomo por excelencia). La historia de la razón de estado parece venir de los tratadistas del S. XVI, no reduciéndose a Maquiavelo, sino incluyendo también a todos los que respondieron o apoyaron al redactor de “El Príncipe”. Antes de entrar en la moralidad o inmoralidad (pensad si la inmoralidad no es un tipo de moral, como pudieron ser las feministas de mitad del siglo pasado) de las acciones realizadas bajo la proclama de razón de estado, pensemos qué tipo de razón de estado hemos de aceptar. A Maquiavelo le criticaron, y mucho, que aceptara la posibilidad de mentir a favor del “interés común”. Hoy en día, busquemos un contraejemplo a la siguiente proposición (P1): “Todos lo políticos mienten.”

Que se escriba esto en plena campaña resulta aún más propicio para la imposibilidad de encontrar el contraejemplo buscado de P1. ¿Representa ello que no podemos más que exigir desde el sistema de moralidad unos políticos que no mientan nunca y se muestren como ejemplos de virtud? Puede que muchos moralistas esgrimieran que el imperativo categórico nos fuerza a ello. Muy bien, pensemos en lo que supondría desde la teoría de juegos la interrelación de un virtuoso en un contexto en el que los demás son malos malísimos. Supondría que el estado que entabla relaciones con el resto desde una moralidad intachable (al menos desde el sistema de moralidad) podría encontrarse con dos respuestas, siendo la segunda más plausible que la primera. O bien su ejemplo despierta en el resto de países los sujetos trascendentales de los representantes estatales o bien queda dañado en un marco en el que sólo la llamada “razón instrumental” funciona.

La razón de estado queda, de esta forma, como algo que precisa ser estudiado desde una visión descriptiva, porque en caso contrario sólo llenaremos hojas con deberes imposibles de cumplir en el marco que se está dando de facto. Desde esta perspectiva la razón de estado ya se está dando, por lo que lo más que podemos hacer es intentar comprender su funcionamiento interno y estudiar los vectores que condicionan los cursos de acción fundamentados por ella.

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