¿QUIÉN ABRAZA A QUIÉN?

 Hoy se incluye un artículo de Aurora, una buena compañera que realiza un agudo análisis fenomenológico sobre los abrazos. Giros y requiebros del lenguaje se articulen en un evocador texto que excita el intelecto desde la sutileza de las caricias. Ante vosotros, Aurora.

“Inconscientemente cuando nos comunicamos adjetivamos nuestras palabras, no con otras palabras, sino con nuestro cuerpo. Modulamos la voz, utilizamos onomatopeyas, gesticulamos incluso hacemos mimo. Y son estos adjetivos mucho más eficaces para darnos a comprender que el más amplio registro semántico. Y es que el cuerpo es un gran comunicador, tan potente que es capaz de decir sin palabras. Una mirada, una mueca, una posición nos pueden ofrecer un sinfín de información sobre una persona, en este caso de la relación entre dos personas. Acotaremos nuestra reflexión a los abrazos. El abrazo es un gesto simple y cotidiano; abrazamos a nuestros padres, abrazamos a nuestros hijos, abrazamos a nuestros amigos, abrazamos a nuestra pareja, abrazamos, abrazamos. Abrazamos si prestar mucha atención a quien abrazamos o abrazamos muy sentidamente. Y entre tanto abrazo de repente nos podemos plantear ¿Qué es esto del abrazo?  Voy a dedicar estos párrafos a reflexionar sobre dicho gesto, el abrazo, aunque advierto de antemano que no hay palabra en el diccionario que alcance a expresar en plenitud un acto, ni aun cayendo en la más barroca sobreadjetivación. Si consigo en el transcurso de mi exposición excitar a la memoria, única capaz de trasmitir sentimiento vívido (aunque siempre endulzado), conseguiré mi humilde objetivo: llamar la atención sobre la complejidad comunicativa de un abrazo. Dejemos para el final los abrazos amorosos, no sea que el ardor de nuestras mejillas nos nuble la vista y no podamos seguir discurriendo. Empecemos por los abrazos de compromiso. Hay quien diría que denominamos abrazo a este gesto por comodidad del lenguaje más que por pertenencia. Son aquellos en los que los cuerpos no se tocan. Hay abrazo, los brazos se entrecruzan, pero el acercamiento al otro se limita a la distancia que nos dan nuestros brazos.  ¿Quién abraza a quien?  Si partimos de la observación de que estos abrazos se tienden a dar entre personas que, en el mejor de los casos, son conocidas, advertimos que no es posible leer una disposición de jerarquías, son abrazos sin roles; asépticos, indiferentes, fríos. Lo único que se puede saber es que pertenece al campo de lo políticamente correcto y lo adecuado.  Se podría objetar que si hablamos de compromiso es porque hay un vinculo comprometedor de los abrazantes, vinculo que impondría una jerarquía, tal serian los casos de una presentación en un ámbito laboral. Tal objeción tiene respuesta matemática, los roles no los muestra el acto del abrazo, son los ya impuestos en el medio dado.  Podemos distinguir luego los abrazos de amigos. Son a dos tiempos, nos abrimos para recibir al otro y simultáneamente nos retiramos un instante, como para coger impulso y avanzamos decididos hacia el otro; es un “ehy-plas”. Dos tiempos. Una cosa muy curiosa en estos abrazos es que siempre expresan sorpresa, aunque este más que planeado, aunque te veas de forma muy continua.  No olvidemos que estos abrazos son la inauguración de un momento de distensión, son una llamada a sincronizar la euforia, en los que podemos leer el gusto por compartir el momento presente. ¿Quién abraza a quien? Entre dos amigos el rasgo definitorio es la igualdad, pues es difícil sostener una amistad con aquellos no se te asemejan. Si uno de los amigos diera más que recibe la relación quedaría viciada y se pasaría de una distribución de roles no característica de la amistad. Si el que da lo hace desinteresadamente se colocaría en una posición paternalista; pero si el que recibe exigiese un trato favorecedor entonces entraríamos en una posición amo-esclavo.  No hay miembro pasivo en este abrazo. Los abrazos de afecto son sedosos, suelen comenzar a la altura de los codos, dos personas se miran dulcemente, sonríen, todo queda en suspenso… entonces nos deslizamos hasta fundir nuestros afectos. Los actores apretan pecho con pecho, juntan los latidos, rozan mejilla con mejilla. Así permanecen prolongadamente. ¿Quién abraza a quién? En estos abrazos los roles quedan disueltos, no importa que posición nos pertenezca antes o después, en este momento no importa quien es el padre, el hijo, el hermano, el amigo, el abuelo, el nieto… sólo importa la declaración silenciosa que hacemos “te tengo un gran respeto, admiración y, retomando, afecto”. Entre los abrazos de los amantes vamos a distinguir tres modelos según las disposiciones de los amantes, a saber: los que se entreabrazan, los que se abrazan y los que abrazan. Hay amantes que gustan de cogerse de frente, enlazándose ambos dos siempre por el mismo lugar, ya sea la cintura, el hombro o incluso el culo. Incluso igualan la intensidad de la mirada en virtud del otro.  ¿Quién abraza a quien? Son figuras simétricas, no hay un miembro activo y otro pasivo sino que interactúan. Independientes, cooperativos, caminan a la par. Ambos son amantes y amados. Los que se abrazan comunican una gran dulzura, reposan su cabeza en el pecho y alzan la mirada ¿esta posición no es la de un niño acunado que mira a la madre como a una madonna? Estos amantes se abrazan, son el naufrago que se aferra; buscan el latido de otro corazón, buscan protección, mimo, cuidado. Si tiene una lectura inequívoca este tipo de abrazo es la actitud de búsqueda en el otro. ¿Quién abraza a quien? El miembro activo, el que se abraza,  es el rol pasivo. Solicita al ser elevado con la mirada, pero no exige, reclama a la fuente de la acción anhelada. Amante y amado son la misma parte del par, porque son amadores de aquel al que se abrazan y son amados por el que es abrazado. El contrapunto del que se abraza es el que abraza.                         El amante rodea con fuerza al amado, choca su torso con dorso del receptor de la acción; queda cubierto lo tradicionalmente vulnerable: la espalda y el corazón.  Es un abrazo que seduce porque el aliento cosquillea el cuello y apasiona porque ofrece el mundo, lo que queda en frente, pero resguarda de la caída. ¿Quién abraza a quien? El miembro activo y pasivo coinciden con el abrazante y el abrazado; los roles se muestran claramente marcados, hay un amante que protege y un amado que se deja proteger. El amante anima al riesgo, el va detrás y muestra el delante, señala el horizonte. El amado camina confiado, piensa: Si siento ss aliento, si siento su mano apretando mi cuerpo, nada puede ocurrir, mi amante no lo permitirá.”

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