SÍ A (Y DESDE) MIS AMIGOS

Cuando mis amigos me dijeron que si podía ir a cenar respondí “sí”. Pero no era el sí que afirma que la suma de dos y dos es cuatro, o el sí que afirma la lluvia cuando es observada desde la ventana.

Era un sí de teléfono cuando interpelas al otro.Era un “sí, sí”, esperando respuesta. Era un sí de cooperación, que se sumaba a los síes del resto, unos síes acompañados de sonrisas que se reflejan en los otros.

Eran unos síes de exigencia para el que lo recibe, porque lo está increpando a estar ahí, a la espera de lo que acompañará al exigente sí, al sí que obliga al receptor a asentir el sí dicho, el que vuela hasta golpearlo para despertarlo del sueño de la indiferencia.

Y qué sí tan bello cuando no es traicionado, cuando es correspondido.

Y qué sublime cuando todos sisean en la mesa, diciéndose sí; L a J, C a S, S a Y, X a J, O a D, M a mí; y todos a todos se dicen sí.

Es un sí de respeto, de atención al otro, de contar con el otro. De contar con el otro para que te pueda contar y tú contarle los números de tu vida. Y él escucha y te dice “sí”. Y tú asientes y el que está escuchando pasa a escuchar. El círculo se cierra y se abre la amistad.

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