BLINDAJE INTELECTUAL DE LA LAMENTACIÓN

El otro día abordábamos la cuestión de la paralización que puede suponer el conocimiento de la lamentación. Hoy trataremos el blindaje intelectual.

El blindaje intelectual parte de una razón que procura ponerse por encima de los sentimientos que aparecen en situaciones habituales. La única manera de acallar todo lo que nos emociona es otorgándose el individuo un autoconvencimiento sobre la creencia de que su reflexión aséptica puede neutralizar un sentimiento que surge como inútil en cuanto que se da en toda ocasión. El agente piensa que si la lamentación brota en circunstancias aporéticas de forma indiferente en razón a la decisión que se escoge es una pérdida de tiempo afectarse.

De esta manera el individuo renuncia a una forma de darse que es reconocible por todos como moral, en cuanto que se da en el mundo de los sentimientos morales, parafraseando a Smith.

Este individuo resultará frío para todos aquellos que lo observan. Es frío en cuanto no se comporta cómo se espera. No es una frialdad de comportamiento. Puede que el autoconvencimiento lo lleve a gritar, incluso a criticar a aquellos que lamentan. Surje una fuga del mundo moral.

Empero no tenemos, a nuestro parecer, alguna presunción objetiva de la vida no ética, de que el escepticismo ético es un estado natural y que la persona de la que estamos hablando, aquél que se blinda, sea todo lo que todos quisiéramos ser de no haber justificación para la vida ética y de haber descubierto que en realidad no la hay.

Es por ello por lo que el blindaje intelectual aparece como un coste demasiado alto. Obliga a estar alerta ante la lamentación para reconocerla y anularla. La cuestión no es si es posible este tipo de vida, sino el desgaste que supone la continua defensa.

Me cuesta pensar en una vida buena si siempre se está agazapado ante las sensaciones, porque una vida buena no es un sitio al que llegar, sino un camino que recorrer, con sus momentos buenos y sus momentos malos, que se suceden y, más importante, se complementan. Sin la existencia de unos no podríamos evaluar los otros.

Es por ello que podemos concluir que la persona que se blinda se encuentra en una actitud antinatural, situación que conlleva un alto desgaste para el sujeto que pretende este blindaje. Y ese desgaste no podemos tomarlo como aconsejable.

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