Flaca (I)

La noche de ayer fue una noche extraña. Varios de los seguidores de este web me provocaron para hacer unas líneas sobre el espacio en el que nos reunimos todos los fines de semana.

El espacio es rectángular, con dos pisos, con música española y con las mismas personas de un lado para otro de un reducidísimo espacio. Pero hablar sobre un espacio es tan sencillo como medirlo y proyectarlo en una escala suficiente en la que la representación resulte “correcta”.

Yo quiero hablar de las personas que hacemos el lugar. Porque un espacio vacío sigue siendo un espacio, pero no un lugar. El lugar lo hacemos nosotros.

Describiros a los que sois allí es un acto de proclamación de impresiones subjetivas que me producís, cuestiones que, a pesar de que el morbo exige que lo redactara, quedaría como un juez que valora lo que es incuantificable.

Sí es verdad que en ese lugar se reunen personan que me aislan de la soledad, y eso es mucho. Hablar del mundo en el que vivimos como el triunfo de la individualidad hace que nos planteemos lo afortunados que somos de poder acudir a un sitio donde nunca estamos solos. Podremos sentirnos, pero no estaremos, porque alguien nos saludará, y al saludarnos el otro entra en nuestro mundo, y nuestro mundo rezuma otredad.

Ayer desayunábamos mientras comentábamos las rarezas nocturnas. Los sueños y las expectativas de la noche, las decepciones y las esperanzas, se cruzaban en miradas cómplices que finalizaban en risas. Antes había estado con uno de los que sé que están ahí, aunque hay noches que no nos hablamos, a pesar de que voy porque él, junto a otros, está ahí. Esto puede parecer algo contradictorio, pero hay veces que una mirada supone ya una risa que perdura toda la noche.

Y todos acabamos allí. Por momentos he odiado ese lugar. Por momentos me canso y querría ir a otro lugar. Pero al final entro, aunque sea a saludar a los que estuvieron en momentos en los que no era tan independiente. También me ha ocasionado problemas por vidas que se han cruzado demasido cerca de mí; no obstante, me quedo con las risas, con los lloros, con la vida que se expande en ese lugar diluyendo la realidad diaria.

La conclusión de este texto flojo, de un tema que será abordado de forma menos sentimental en próximas ocasiones, es que tenemos suerte de pasar lo que hemos pasado allí y, lo más importante, en la mayoría de las ocasiones más que suerte por lo que sucedía allí, teniamos la suerte de los que estaban allí, porque hacían que me fuera consciente que no estaba solo, y eso, cuando te sientes solo, es mucho. Aparte quedan la forma en que cada uno vence la soledad en ese lugar. Me comprometo con Chia a hacer un estudio de los caracteres mayoritarios. Particularidades de la generalidad hoy tratada desde mi perspectiva. Comenten el comentario, será otra manera de no sentirme solo. Esta noche más.

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