GRACIAS, MINISTRA

El sábado, tras ver el Levante-Barça, un gran amigo y yo fuimos a cenar a un restaurante vegetariano, como hacen todos los españoles los sábados. A mitad de camino un coche nos impidió el avance, nos sacó del coche y bajo amenazas y coacciones nos subió a otro vehículo donde estaban varias personas llorando y asustadas.

Eran personas de buena salud, delgadas, extraordinariamente inteligentes. Bueno, eran los españoles que habían conseguido dejar atrás la imagen de Alfredo Landa mirando a las suecas. Los suecos eran los que estaban en el coche (Addenda: no me incluyo, en principio en esas características, no creo que nos secuestraran por nuestras características extraordinarias, al menos por las mías).

Nos taparon la boca con un esparadrapo y nos ataron las manos a la espalda. No podíamos huir. Cerraron el habitáculo y notábamos que el vehículo se movía. Mi amigo y yo nos mirábamos con incredulidad, más que nada pensando que seguro que se llevaba el coche la grúa porque Rita sigue con su política confiscadora noctura.

Intenté recordar los giros del vehículo, para poder saber dónde me llevaban. “Tres segundos 90 grados izquierda”, “cinco segundos 45 grados derecha”, “paramos, ¿será un semáforo?”. De repente apareció ante mí Martinez Bordiú haciendo danza del vientre en “Mira quién baila”. Perdí la cuenta y caí en la ídem en que necesito ayuda médica. No obstante ya había perdido la cuenta. Ya no sabía el camino al que nos llevaban.

Paró el vehículo y unos encapuchados nos sacaron a golpes. Mi amigo me miró con cara de “mira que tenemos entradas hasta las tres y media para el garito, como el secuestro dure mucho no llegamos”. Le miré con cara de “tío, no tengo ni idea de esto de los secuestros cómo funciona, así que no nos hagamos ilusiones de salir esta noche. Date con un canto en los dientes con que veamos el martes House”.

Miré al frente mientras mi pupila se dilataba para leer los luminosos: “Burger King”. Nos metieron a todos y nos hicieron formar parte de una cola que daba a más del grupo de secuestradores. Nos dieron Coca-cola grande con azúcar y cafeína, patatas que no eran al vapor, sino fritas fritísimas, y una Doble Whopper. Sí, estoy imaginando vuestro horror, una Doble Whopper. Esos cuerpos perfectos, esos intelectos vegetarianos iban a ser contaminados por una Doble Whopper. Por supuesto todos los que estaban en el Burger King estaban contra su voluntad, todos eramos víctimas de un cruel secuestro con la finalidad de hacernos comer ese aglomerado de colesterol. Del malo.

En ese momento entraron por los cristales, tipo SWAT, los funcionarios del Ministerio de Sanidad. Neutralizaron a los dependientes del Burger y nos invitaron tranquilamente a salir de ese local. Menos mal que la Ministra, Elena Salgado, era conocedora por su servicio de inteligencia que todos los que comían ese producto era a la fuerza o por engaño. Gracias Elena, por centrarte en lo que realmente importa y salvarnos. Nunca se puede obligar a nadie a nada (generalmente) y tú, en busca de las libertades, nos has intentado liberar de que nos obliguen a comer el Doble Whopper. Gracias por liberarnos de nuestra ignorancia.

Anda que vamos bien.

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