EL PROCESO DE PAZ

Empiezo con algo pretencioso y de lo que he hablado con muchos. Del “mal llamado proceso de paz”. No, no me he convertido al giro COPEnicano, pero creo que las palabras, cuando se usan mal, pueden distorsionar nuestra percepción de la realidad. De igual manera que no me agradó el término “tregua” he de pronunciarme sobre el “proceso de paz”. Estamos ante un “alto el fuego unilateral”. Sólo han caído de un lado (y no empecemos a apelar al GAL, ya que una vez juzgado el reproche ha de desaparecer), y para mí, un proceso de paz exige simetría entre los componentes del proceso.

En segundo término querría exponer los que son, a mi parecer, los tres aspectos innegociables de este proceso (lo llamaré así aunque con las reservas señaladas anteriormente).

En primer lugar, debe de pedirse perdón por parte de los asesinos. Cualquier progreso en otra dirección implicaría una justificación con carácter retrospectivo de los asesinatos que se han dado, aspecto completamente inaceptable por humanidad y por ser inconcebible para toda persona normal.

En segundo lugar, es inaceptable una amnistía para delitos de sangre. El que lleva la tragedia a una familia por un ideal ha llevado a cabo un equiparamiento entre un ideal político de escasa relevancia en relación a la vida de una persona. No se puede aceptar igualar ideal, que por definición puede ser correcto o no, a una vida, que se está dando de forma inequívoca en la realidad. Cabría añadir la doctrina penal de los bienes jurídicos protegidos.

En tercer lugar no se puede llevar a cabo ninguna concesión territorial, menos de colectivos que no se identifican en absoluto con el problema (pienso en Navarra). Si comenzamos a buscar el origen de los estados-nación observaremos que es por guerra, matrimonio o capitulaciones. No demos vueltas a lo que se nos presenta como dado. Lo contrario supone enjuiciar aspectos en los que los presentes no hemos participado, por lo que no somos responsables ni tenemos la obligación de cambiar.

En otro orden de cosas se debe aceptar que el tiempo que llevamos sin muertes es un bien en sí mismo. El proceso supone que no ha muerto gente, y de la misma manera que no he aceptado que un ideal mate a un ser humano tampoco aceptaré que haya gente que prefiera una situación de muertes antes que negociar, porque, en un nivel muy inferior al anterior, aparecen como personas que anteponen un ideal a poner en riesgo la vida de otros y en ocasiones la suya misma.

Dentro de ese grupo aparecen también los afectados por los asesinatos. Cuando proclaman que no quieren negociar no parecen ver que si no se negociara seguiría habiendo riesgo para que otros padezcan lo que ellos ya sufrieron. La negociación, aunque sea sólo para que no siga muriendo gente, está legitimada, y los que defienden la no negociación se aprovechan de que la extensión de la amenaza se concreta en un amplio colectivo, ya que si se diera sólo en los que niegan la negociación quizá actuarían de otra manera, aunque sólo fuera por racionalidad. En caso contrario serían héroes, y tendrían toda mi admiración. Pero lo que no es exigible es que todos lo sean.

Este es el primer paso de una larga reflexión. Espero vuestras aportaciones.

2 comentarios to “EL PROCESO DE PAZ”

  1. Amec Says:

    Hola a la bronca.

    Sencillito.

    Hablas de tres aspectos innegociables. ¿Por sin/razón divina? Negociar significa -y no otra cosa- “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. O sea, que es el logro -el resultado, la consecuencia- el que justifica una negociación. Ni sus premisas ni su desarrollo.

    1) “En primer lugar, debe pedirse perdón por los asesinos”.

    ¿Quién decide qué se debe, como impone ese deber, qué significa perdón y desde que instancia es alguien calificable como asesino?
    Porque ocurre -y es lo que ocurre- que del otro lado se piensa que es el invasor el que debe largarse y pedir perdón a los “resistentes patriotas”.
    Estamos tratando de dos universos paralelos, con semiótica paralela, y valoración contradictoria de los mismos hechos. En una situación así, la teoría de la decisión racional nos señala que o bien una parte es capaz de imponer a la otra su postura por la fuerza, o bien se dejan de lado -no importa el coste mutuo- los antecedentes en pro del fin superior.

    Encantadora la frase de “inaceptable por humanidad e inconcebible para toda persona normal”. Por humanidad -la experiencia así lo indica- se han cometido todas las sevicias; el resto de animales son los inocentes. Una persona normal es capaz de concebir cualquier idea. La persona que tiene dificultades en la concepción de ideas es a la que médicamente se la califica como anormal. Item más: a un filósofo como tú le queda muy mal una generalización tan burda. No existe la figura lógica de “toda persona normal” porque no existe una sola persona lógicamente normal.

    2) En segundo lugar es inaceptable una amnistía para delitos de sangre.

    ¿Y eso? “Olvido legal de delitos que extingue la responsabilidad de sus autores”, que es lo que significa amnistía, si es un paso necesario para el logro del bien superior que supone acabar con las muertes, porque no se es capaz de lograrlo por otra vía, resulta -de nuevo- de obligada consideración. Lo contrario -no hay tercero- supone un apoyo directo a la supervivencia del terror. Así de claro. Quien así lo quiera, que asuma su responsabilidad y no se oculte -como los canallas- tra banderas, patrias y grandes palabras sin sustancia.

    3) En tercer lugar no se debe llevar a cabo ninguna concesión territorial.

    Tal como está redactada la frase, suena a que alguien es propietario de algo -un territorio- y otro alguien se considera facultado para permitirle o prohibirle concesiones sobre el susodicho territorio.
    Claramente. Ni el territorio como tal tiene propietario colectivo -no a entes imaginarios del tipo de “pueblo”, “patria”, “país”, etc.- ni nadie es quien para, desde la razón, permitir o prohibir apriorísticamente tratos entre individuos. La cosa -la única cosa justificable en razón- se llama democracia, el imperio de la decisión de la mayoría. Son los habitantes individuales que actualmente viven y trabajan en lugares concretos los que mediante los mecanismos democráticos de decisión hacen y deshacen. Y si se equivocan, asumen el coste de sus decisiones.

    Haces, finalmente, una precisión que me llena de estupor: “… aunque sólo fuera por racionalidad. En caso contrario serían héroes y tendrían toda mi admiración”.

    Si he entendido algo, dices que ser temeroso es racional, dices que lo contrario es ser un héroe -por tanto equiparas héroe a irracional- y a continuación proclamas tu admiración por el héroe, por el irracional. ¡Un poco estupefaciente! ¿No?

    Para acabar. Sólo es racional una ética que se atenga a sus consecuencias, la vieja enseñanza weberiana. La ética de la intención es criminal e irresponsable -lisa y llanamente-, y la ética del deber, el sueño absurdo de un hombre confuso que, sin acabar de entender ni a Renè ni a David tuvo la pretensión absurda de religarlos. El agua y el aceite no ligan, tanto da que Don Manuel pensara que en su mundo ideal dbieran hacerlo.

    Salud y a debatir, que eso sí es bueno.

  2. nostalghia Says:

    La verdad es que este es un tema bastante complejo. Por un lado, creo que se contraponen, otra vez, las emociones a la practicidad, a la vez que se hace una lógica deformación del sentido de las palabras (¿Hablamos de aplicar justicia o de aplicar venganza? ¿Es motivo de alegría la muerte de un asesino o eso nos relega al mismo plano moral?) y se distorsiona de manera grave el campo de aplicación.
    Obviamente, no puedo tratar este tema desde una perspectiva neutral y, aunque las cifras, datos avalen la gestión del gobierno en torno al problema del terrorismo, y que ello, malgre luit, sea respaldado por cierto sector de la opinión pública (aquel que ha desplazado al terrorismo al cuarto puesto en la lista de importancia), creo que el quid de la cuestión está en el diálogo simétrico, en que no se presente una asimetría en uno de los dos bandos negociadores, es decir, que tienen que ser cumplidos todos los requisitos para establecer una conversación, una negociación o como se la quiera llamar (y eso implica una serie de compromisos por parte de E.T.A.).
    Ahora bien, ¿Me parece que esa es la mejor solución? Es una cuestión espinosa, y casi me veo obligado a suspender el juicio, quizá porque en lugar de racionalizarlo me veo obligado a pensar desde las emociones y no logro encontrar la simetría necesaria. Triunfa lo práctico sobre lo justo (o lo vengativo), pero no sé si ulteriormente esto nos rentará lo suficientemente bien. El problema es que eso no lo sé ni yo ni nadie, porque no ha sucedido y, a día de hoy, hacer desacreditar las medidas que pueda emprender el gobierno en base a argumentos respaldados en situaciones que no han ocurrido no es la mejor forma de ofrecer una “alternativa” (y no deja de ser un modus tollens como una catedral).
    Por tanto, ¿Proceso de paz? I hope so.

    Un abrazo, Óscar

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