CALIFORNICATION

Junio 20, 2008 por cuestor

Estoy fatalmente enganchado a una serie de televisión. Lo de House o lo de Prison Break se ha quedado en nada en comparación con lo que me supone Californication. A pesar de su horrible final, si le quitamos los dos últimos minutos hubiera quedado una gran serie, llena de mensaje, de filosofía, de antropología, de sociología y de análisis de una generación con la que extrañamente me siento identificado.

Fuera de que Hank sea uno de los tipos más atrayentes de las últimas series que he visto, creo que representa de forma clara la incapacidad de los que escapan de la actitud natural para vivir en formas de vidas al margen de lo social en búsqueda del éxito artístico. Los resultados suelen ser siempre los mismos, fracasados felices de ser infelices porque la felicidad les impediría regocijarse de su desgracia. Y así vamos avanzando hasta que un día te das cuenta que el determinismo educacional ha ganado la batalla a tu rebeldía individual, y que la única forma de llegar a tener el mayor número de momentos felices es reconducirte hacia lo socialmente aceptado. El problema reside en reconstruir todas las ruinas que has dejado por el camino, más cuando, una vez eres uno más, ya no puedes realizar trucos de magia.

Por otro lado, creo que esta tensión la tendrá siempre aquél que haya decidido meterse en el mundo oculto, de listezas y genialidades. Hemos de reconocer que el placer de una publicación o de algo bien presentado, ante un auditorio que no se ha dormido, es un placer de dioses. Por un momento has dejado de ser terrenal para ascender a un nivel que te hace ser admirado. El problema son los costes, la incapacidad de comprometer aquello que pueda suponer no arribar a la meta marcada. Pasan los años y te cansas, porque las reglas de este mundo no son las que esperabas y porque, al menos en mi caso, no dejo de ser uno más de los tantos que andan por ahí sin esfozarse lo suficiente en hacer que su vida sea normal.

De esta forma soy un poco como Hank, un tipo arrepentido de la falta de esfuerzo a lo largo de su vida para ser un tipo normal porque, realmente, no somos tan diferentes cuando tratamos de lo que nos hace felices. Pero ese aspecto sólo se muestra con la experiencia que te da el acercarte peligrosamente al pensamiento sartreano, y ver amenazas en toda la gente que te rodea alrededor. Por ahí no quiero ir. Quizá sea el momento de re-signarse. Quizá tengamos que esforzarnos como hace Hank. Aunque quizá para esforzarnos quizá tengamos que pasar un tiempo por el infierno de la sofisticación y lo no ordinario. Una gran serie.

187 millones de muertos en el corto S. XX

Junio 16, 2008 por cuestor

Hoy en el país hay un artículo interesante sobre un libro que puede ayudarnos a comprender ciertos aspectos de lo humano que olvidamos:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/187/millones/muertos/nombre/utopias/elpepucul/20080616elpepicul_3/Tes

Hablar de muertos y de cosas de estas nos da un poco de vértigo. Pero lo que realmente nos asusta (o por lo menos a mí) es pensar qué hubieramos hecho nosotros en medio de ese panorama. Salvo honrosas excepciones (entre las que yo no creo estar) nadie hubiera movido un dedo para salvar a una de esas personas asesinadas de forma vil. Podemos estar haciendo cola para un estreno una hora, pero somos incapaces de mover un dedo para temas que supondrían una mejora de la humanidad. ¿Por qué?

Parece que la respuesta razonable sería: por nuestro bien. Si nos hiciéramos cargo de ese dolor no podríamos vivir. Eso es muy duro. Y lo normal es mirar para otro lado. Pensemos que si todas las personas, que llevaban vidas aceptadas socialmente, en resumen “buenas personas”, se hubieran opuesto de forma firme a estos crímenes muchos se habrían evitado.

No creo que esta gente sea mala gente por su omisión. Tampoco creo que deban tener una vida de depresión cargando con las muertes que pudieron evitar (evidentemente que existen diferentes grados de exigencia, pero nos referimos a la gente más normal). La respuesta normal en este caso es mirar hacia otro lado, hacer como si no pasara nada. Esta es una manera en la que vivimos en las sociedades como las nuestras. No nos hacemos cargo de peligros, o no queremos y, por tanto, no nos hacemos cargo. Si creyeramos que hay una posibilidad (que aunque reducida, la hay) de que la persona que tengo al lado me asesinara de forma cruel tras hacerme sufrir de manera inhumana nuestra vida sería una angustia continuada, y se nos llamaría esquizofrénico.
De esta manera, hemos de considerar que parte de nuestra sociedad se apoya en la ilusión de que no nos sucederá nada malo. Sólo hemos de ver los traumas que se producen cuando esa vulnerabilidad se muestra, como bien saben los terroristas. Cualquier acto caótico dentro de nuestro orden que muestre esa vulnerabilidad nos hace observar nuestra fragilidad, y en ese momento lo humano puede responder de manera inhumana (ved las paradojas que nos producen los lenguajes moralizantes).

Las políticas más inhumanas se han dado para ensalzar una parte esencial de lo humano. Y en ese aspecto entran los ideales. No es equiparable la ilusión que se produce al pensar que vivimos seguros al ideal que motiva la imposición de un comportamiento sobre otros. Sin embargo, la fuerza de motivar la acción que tiene un ideal es más fuerte. La ilusión lo único que hace es mantenernos inmóviles frente a riesgos que, siendo reales, son ocultados para no estar protegiendo a nuestros hijos con una escopeta (más cuando somos pobres y no nos consideramos posibles objetivos de mafias terroristas).

Pero por otro lado, esa ilusión puede ser la que motiva que nos quedemos inmóviles ante las más grandes injusticias. Precisamente porque, o bien creemos (porque queremos creer) que eso no puede darse o, aunque sabemos que se da, creemos (porque queremos creer) que el verdugo tendrá una justificación que dará razones de su comportamiento. De otra forma seríamos unos esquizofrénicos. O no, quizá fuera héroes.

HUELGA DE TRANSPORTES

Junio 11, 2008 por cuestor

Hoy voy a hablar de la huelga de transportistas. Están mosqueados por el aumento del precio del diésel (como todos). Pero hay una diferencia, el coste de diésel para ellos es un coste fijo que ha variado al alza de forma alarmante. La cuestión es si eso les autoriza para cerrar carreteras por las que pasamos todos. La respuesta es NO. No por una sencilla razón, porque una huelga está legitimada desde el momento en el que se da una situación de ataque a los derechos de los trabajadores, así que ellos dejan de realizar la actividad que ocasiona esa desigualdad. Dicho de otra manera, los transportistas están legitimados para dejar de transportar.

¿Y si una ambulancia ha de llegar a tiempo? ¿Y si, siendo menos dramático, mi caja de bombones que iba a posibilitarme tener sexo se deshace por el tiempo que va en el coche? ¿Tienen derecho los transportistas a dejarme sin sexo? Pues NO.

Este tipo de huelgas me hacen dudar de que España sea un país civilizado. La crítica me la veo venir: “ponte en el lugar del transportista”. Muy bien, ¿por qué me tengo yo que poner en el lugar del transportista si él no se pone en el mío? Claro que la respuesta sería: ¿Te estás comparando con el transportista, que ha de dar de comer a sus hijas? Pues no, no me comparo con ellos desde mis circunstancias, pero como ellos no las conocen podría ser que mi vida, mi amor, una lealtad o algo imprtante para mí dependiera de ese trayecto (un ser querido que agoniza), y ellos no lo tendrían en cuenta. Que no me pidan que lo tenga en cuenta yo. Otra cosa es que pidan trato de favor. En este caso refutar es más fácil y lo dejo a la activa mente del pensador que lee estas líneas.

SAN VALENTÍN

Febrero 13, 2008 por cuestor

Retomo esta página como válvula de escape. La verdad es que San Valentín supone una horterada sublime para un filósofo, con el plus de ridiculez de los desparejados como el escribiente. Hoy hemos estado filosofando sobre el amor un buen hermenéuta y un servidor, para que el interpretador me citara a Ortega, señalando que el estado del enamorado es un estado miserable de conciencia.

No creo que las parejas que se miran y proyecten las vidas de los dos en una sean despreciables; como mucho serían ridículos, al igual que el sexo visto desde fuera, el visionado de un partido visto desde fuera o cualquier otro tema de interés para el que no lo está viviendo.

Pero yo quisiera dedicar este apunte a los fracasados en amor, a los despechados y a los no correspondidos. No podemos más que jodernos y mantener unas expectativas que no se cumplen. También creo ver en el ambiente que me rodea unas exigencias superiores para emparejarse. La cuestión es hasta qué punto somos autónomos en la elección del objeto de deseo o si, por el contrario, la imposición es radicalmente heterónoma y es cuestión de azar el ser correspondido o no. Fuera de aprioris del tipo antes había cariño o éramos amigos existe un claro caso de heteronomía en la elección del objeto de deseo. Podríamos señalar que no se trata de una heteronomía radical, puesto que precisamos de interactuar con el objeto de deseo. Yo consideraría anómalo un enamoramiento entre dos personas que no han interactuado físicamente (aquí entrarían las cyber-relaciones).

Desde esta óptica desesperanzadora podemos decir que somos títeres en manos de que nuestro organismo decida pillarse de una tía u otra, y que será cuestión de azar que ella tenga el mismo estímulo. Podríamos pensar que la sensación de destino del romanticismo se podría afianzar desde esta sensación. Es la sensación de: “me gusta A, no puedo evitar que me guste A, no puedo hacer nada para gustar a A (gustar a niveles de enamoramiento, no “gustar” en un aspecto de agradar en sus múltiples sentidos, incluyendo el sexual)”.

Pero nuestra naturaleza es sabia, hace que nos olvidemos del objeto originario de deseo y lo variémos por la compañera del trabajo a la que comienzas a verle cierto aspecto hasta entonces inadvertido. Es el conformismo del perdedor. Tu cuerpo busca sustituir a tu primer objeto, pero jamás olvidas al primero. Así que quedan tres perfiles de personas para San Valentín.

Los que están con su objeto de deseo, un mísero 5% aproximadamente. Los que estamos sorteros y hemos dejado o dejaremos pasar a nuestro amor. Y la gran mayoría, que están con lo que sustituyó su primer objeto de deseo. Feliz San Valentín.

SABER BAJO

Noviembre 13, 2007 por cuestor

Cinco tipejos han pegado una paliza a un inmigrante. Es algo normal. Ultimamente suenan agresiones de este tipo. Fuera de explicaciones genéticas (como que un 2% de la población tiene el gen de la violencia desmedida) existe algo que me preocupa. Foucault, un pensador que no me resulta de los más estimulantes, hablaba del saber bajo. Es un murmullo, un rumor, algo que se escucha con cierto esfuerzo. El saber bajo indica que el racismo aumenta en este territorio nuestro. Comentarios que antes no eran permitidos ahora campan por una malentendida libertad de expresión (pensemos en ciertas manifestaciones aprobadas). Muchos me criticarán de facha. Yo les apelaría a la imposibilidad de aceptar argumentos que suponen dañar, porque en caso contrario, si todo vale (que no es lo que dice Feyerabend), caemos en un relativismo ocioso, y divertido para los que se sienten protegidos y necesario para los que no quieren vivir bajo el constructo social. Pensemos si deseamos la segunda parte de la última proposición.

El racismo es violencia, y la violencia mola. Ciertos ámbitos la asimilan y la hacen suya, a cambio de no tener que pensar. Figuras como el hombre-masa (no orteguiano) o la banalidad del mal nos lleva a pensar de esta manera. Bien, ¿cómo enfrentarnos a la banda de anormales violentos?, ¿con violencia? Me remito a la disciplina criminológica, que no ha encontrado relación entre el aumento de las penas y la disminución de los delitos. La única opción es educar y acallar ese saber bajo hasta hacerlo intolerable. Una sociedad liberal pervive gracias a la capacidad del colectivo de hacer frente a lo intolerable (que no hemos de confundir con lo perverso o lo monstruoso a los efectos que nos ocupa). En este momento me viene a la cabeza el mal. ¿Qué es el mal? Dadle vueltas y me dais la respuesta. Un posible inicio de reflexión sería si está dentro o fuera de nosotros.

EL REY SE LEVANTA

Noviembre 11, 2007 por cuestor

Ruego se me disculpe por este anuncio de prensa amarilla. No lo he podido evitar. Son los tiempos de periodismo que nos toca vivir.

Por el ambiente internauta todo el mundo está mosqueado con S.M. No acabo de justificar esta actitud si no es por cierto antiamericanismo que responde por reacción ante todo (incluidos los nacionalistas). Es algo parecido si ante una ofensa contra mí por alguien con el que comparto un enemigo aceptara su ofensa por tener un enemigo común. Inaceptable y poco plausible, por lo menos si se conoce el funcionamiento de la política internacional.

Otra cuestión es si es más reprochable no dejar hablar o levantarse e irse. No dejar hablar supone una coacción al emisor de un mensaje. Levantarse e irse supone, en el caso que nos ocupa, aceptar la imposibilidad de dialogar con alguien. La culpa la tiene también la moderadora, la Presidenta chilena, que tuvo que cortar en su momento.

Ante una falta de ética argumentativa lo más elegante es suspender el juicio. El Rey hizo lo que debía. Huir del atropello dialéctico que no atiende a razones. A la progresía que acciona de forma mucho más hostil les animaría a responder con la indiferencia.

ABSURDO

Noviembre 9, 2007 por cuestor

Vida esta extraña por la que nos movemos. Vida absurda en ocasiones. Me gustaría aclararme un poco sobre esta situación y ver cómo percibís esta cuestión. Nos sentimos absurdos ante una situación cuando nuestra proyección, siempre basada en lo general, se encuentra con una anomalía. Si siempre que pasamos ante un perro nos ladra, el día que no nos ladra padecemos cierta situación que nos descoloca. Pero la posibilidad de que el perro no ladre puede ser por una afonía canina. El sentimiento de absurdo viene ante situaciones peculiares por su remota posibilidad. Cuando nos encontramos ante una situación que se da muy pocas veces es cuando el absurdo se hace más latente.

La cuestión culmina en la imposibilidad de participar conscientemente de esas generalizaciones que  introyectamos sin conocer la razón. Para Nagel esto deviene por la imposibilidad de escapar a nuestra trascendentalidad. Yo no sabría qué responder, salvo que se me hace presente la experiencia de absurdo, y demasiado ultimamente. Es cierto que mi estado de ánimo no es boyante. Algo me dice que la melancolía hace percibir el absurdo en mayor número e intensidad. Esto nos lleva a lo que yo llamaría “intuición heideggeriana” de apertura al mundo según estados de ánimo.

Creo que Nietzsche lo explica mejor en su “Genealogía de la moral” o Husserl en sus “Ideas”. La actitud filosófica (con mucho en común con la melancolía) supera la aparencia (con sentidos contrapuestos en los autores citados). En resumen, cuanto más absurdo estoy mejor filósofo me vuelvo.

Para más datos sobre mi animosidad escuchad una canción: “En la ciudad de la Furia”, de Soda Estéreo.

ESTAR POR ALGO

Agosto 19, 2007 por cuestor

Nunca me han gustado los originantes del existencialismo. Lo primero porque Heidegger o Sartre están lastrados de biografías nada ejemplares. Lo segundo porque el existencialismo cae en cuestionamientos morales dudosos, desde la “Carta sobre el Humanismo” de Heidegger hasta la Náusea sartreana (un hombre sin esencia que en esencia es libre). Bien es cierto que me gustaría hacer hincapié en uno de los términos más evocadores de Heidegger, el Dasein, traducido con mayor o menor éxito por el estar-ahí. Si el ser es lo que se ha olvidado en la metafísica, ¿por qué lo característico de lo humano es el estar? Porque el estar se llena de intencionalidad, mientras que el ser puede darse de forma pasiva, como sería el caso de los entes.

Yo abogaré por huir del ser para estar, porque ser, exclusivamente, no aporta nada. Somos siempre, pero lo difícil es estar. Pensemos en que yo soy a pesar de dormir, pero que sólo estoy cuando actúo. Puedo estar por alguien, y mis acciones vendrán a respaldar mi compromiso previo, mientras que el ser es un atributo de cualquier objeto, como por ejemplo un vaso. Lo importante, desde una perspectiva moral, sería el estar mucho más que el ser, porque estando mostramos que nuestra ubicación en el mundo no es azarosa, sino que es intencional, meditada y con fines a mostrarnos de forma efectiva. Dicho de otra forma, estamos para actuar. Yo prefiero estar a ser, y prefiero que los demás estén por mí a que sean por mí, puesto que en el primer caso sería por libre elección de ellos, mientras que en el segundo sería porque dependen en cierta manera de mí.

RESIGNACIÓN

Agosto 13, 2007 por cuestor

He estado un poco desconectado del blog, y es que hay ocasiones en la que la inspiración vuela, y lo único que haces es comerte la cabeza, olvidando los placeres de la vida, hasta que caes en una forma de ver la vida que te sirve de mucho: la resignación.

Lo primero que hemos de hacer es escapar de toda acepción religiosa del término. En especial en su vertiente más estoica. Desde este punto de vista la resignación sería cierto inmovilismo desde dos perspectivas: (1) Por un lado esta resignación conlleva el inmovilismo del agente, puesto que no se ve suficiente para realizar o intentar realizar sus proyectos ya que, en multitud de ocasiones, (2) se considera limitado en comparación con un ser superior que maneja sus designios.

Otra manera de resignación, que no descarta la anterior, se daría en personas que observan que sus deseos no llevan el camino de cumplirse, puesto que (3) su forma de vida no le permite realizarse tal como pretendía o realizar sus deseos; en otro sentido otro (4) se ha dado cuenta que la realización de sus deseos, a pesar de sus acciones, no dejan de ser anhelos, al precisar de acciones externas a él para su cumplimiento. En estos casos lo mejor puede ser resignarse, pero intentemos “retorcer” el término para sacar lo positivo.

Re-signar-se consta de tres partes, y vamos a centrarnos en el sema. Signar tiene una clara noción religiosa, pero su primera acepción era poner el signo, un signo que, como tal, es individual, particular, etiquetar, hacer tuyo. Cuando uno signa un contrato uno se hace parte de ese contrato. Cuando uno se signa a si mismo el verbo sería signarse. Cuando uno se autentifica se signa a si mismo pero, ¿no es eso todo lo que hacemos a lo largo de una vida?

Cualquier acción nos muestra el carácter. De hecho, son los términos más concretos los que atribuyen más carácter. Honesto siempre aporta más que ser calificado de bueno. Por tanto nuestra vida es una forma de autentificarnos. ¿Por qué debemos de, siguiendo el argumento, resignarnos? ¿Si signarnos es autentificarnos, sería resignarnos algo como autentificarnos de manera repetida?

Creo que el argumento no va por ahí, ya que si aceptamos nuestra experiencia moral hemos de aceptar que a la resignación le acompaña un sentimiento de fuera de control, una sensación de títere entre fuerzas superiores. Ante este sentimiento podemos (1) buscar una posible justificación divina de la imposibilidad de realización de nuestros proyectos o (2) cambiar en algo nuestra forma de vida para que nuestra tolerancia a la frustración varíe desde nuestras mismas acciones. (1) es válida para creyentes, y no será el escribiente el que enjuicie la forma de consolarse frente a adversidades, más cuando son adversidades serias que erosionan lo más profundo de lo humano. Pero, permítaseme abogar por (2), que sería la otra forma de resignarse. Sería autentificarse frente a las adversidades, actuando en lo que puedas hacer algo con tal de afectar la situación, pero escatimando los esfuerzos de las cuestiones en las que tu acción no es una de las razones decisivas de su cumplimiento. Desde este punto de vista, una derrota de tu equipo de fútbol no debería impedir tener un fantástico día. Bien, que se puede objetar que no existe una posibilidad seria de controlar la emoción que se tiene ante la negativa de tu deseada “a” frente a tu declaración de amor.

Si siguieramos (1) la razón sería de índole divina: Dios no quiere que “a” esté conmigo. Por el contrario, (2) nos lleva a sopesar si hemos realizado todas las acciones encaminadas a conseguir el deseo, concretado en “a”. Volvamos a la desactivación que pretendía argumentar lo incontrolable (heteronomía radical) de la emoción de decepción ante la negativa. Nos sentimos mal, ¿pero no estariamos peor si no hubieramos hecho todo lo posible para ello? ¿Acaso lo incontrolable no puede ser justificado desde un plano externo (ya que hemos hecho todo lo que podíamos), lo que ha de llevar necesariamente una menor reprochabilidad, incluso de nosotros mismos?

Desde esta perspectiva sí que podemos autentificarnos, pero será de forma novedosa, en cuanto que nos volvemos a construir para asumir lo deseable como anhelo, como fuera de nuestro marco de acción. El deseo frustrado deja de ser una ocasión perdida, porque una vez que estaba fuera de nuestras acciones no era ocasión, y en cuanto que no era ocasión no tenemos por qué cargar con el peso de haberla perdido. Y al volver a ser nosotros pero más conscientes del yo en cuanto mejores conocedores del grado de afectación de nuestro alrededor nos reconstruimos, con nuevos cimientos más poderosos, nos re-signamos, volvemos de un mal lugar en el que no debimos de estar, nos entregamos a nuestro lugar. Nota: en latín resignare se traducía por devolver o entregar.

OIR Y ESCUCHAR

Agosto 5, 2007 por cuestor

La cámara de Representantes de EE.UU. permite realizar escuchas telefónicas sin orden judicial. Mi conocimiento del sistema jurídico estadounidense es lo suficientemente flojo para explicar lo que conlleva. Lo fuerte es que ahora pueden escuchar a cualquiera a través de un acto administrativo. Imaginemos lo que ello supone. Yo cuento todas mis fechorías por teléfono, me he declarado por teléfono a mis amores y quien conozca mis conversaciones conoce mi mundo. Y eso es mucho. Todos salimos de la habitación cuando hablamos con alguien, y todos hemos cortado la conversación telefónica ante la llegada de cierta persona. De hecho, si yo fuera un asesino árabe, creo que no comentaría mis planes por vía telefónica.

De esta forma hemos conseguido que se pueda cotillear y poder atacar la integridad de las personas una vez se conocen sus secretos. Conocer los secretos de alguien nos da mucho poder, y nos capacita para atacar lo más vulnerable de una persona, lo que no quiere que se conozca en el ámbito público. Y todos tenemos de qué avergonzarnos. Y no creo que eso nos haga ser mejores o peores. Simplemente es la necesidad de tener una parte que realmente sea nuestra. Visto así no es que seamos monstruos que nos ocultamos. El problema será cuando no podamos tener este espacio. EE.UU. ha dado un primer paso para ello.