Hoy he estado en un seminario de filosofía española en el que hemos hablado de Zubiri. Muy interesante. La cuestión ha venido en el debate, cuando estábamos hablando de la responsabilidad. He defendido la imposibilidad de hablar de responsabilidad si no hay existencia de reproche, a lo que todos me han contestado que eso no podía ser así. Ante la unanimidad de los presentes no he querido llevar el debate a mi terreno, pero algo dentro de mí chirriaba.
¿Para qué voy a dar razones si no se me piden? Se me pueden pedir de mil maneras, desde con golpes a con una mirada dulce, y bien es cierto que una mirada dulce puede tener más poder depersuasión que otros métodos. Pero, ¿cómo ser responsable si no tengo razones para serlo?
Puede que las razones no sean socialmente señalables, puede que haya introyectado un sistema de moralidad que me exija dar razones incluso cuando no hay nadie delante, pero de ahí a defender que somos responsables “porque sí” hay un salto tan espectacular como que si fueramos todos los seres humanos responsables la responsabilidad,al igual que si no se fuera responsable en ningún caso, dejaría de tener valor.
Pronto he percibido la cuestión que lleva a ese razonamiento, y es el prejuicio kantiano de que somos responsables ante nosotros mismos porque somos “buenos”.
Es decir, todos somos responsables porque en nuestro foro interno hay algo, independiente del reproche de los demás (o diferente al reproche que nos hacemos a nosotros mismos por determinación de los demás) un pepito grillo que nos sacude con virulencia cuando no respondemos de forma adecuada.
Me parece muy, muy peligroso considerar que nuestra existencia sea exenta de maldad. En todos nosotros hay una lucha, ya sea por querer matar a alguien (caso extremo) o por querer estar cinco minutos más en la cama. Pensar que nos levantamos de la cama porque es una respuesta autonomamente voluntaria en cuanto que nos hemos mostrado como seres racionales y correctos me parece pecar de una ingenuidad que puede ser aceptable desde ciertos ámbitos, pero nunca desde el pensamiento.
Ya oigo mi pepito grillo: “entonces tú eres un relativista, una persona horrible que quiere imponer un estado de terror ante las personas super buenas”. Pues puede ser, pero es que no somos superbuenos. De hecho dudo que seamos buenos. Eso suponiendo que seamos.